Octubre es el mes del Rosario, una oportunidad estupenda para que las familias acerquen esta oración a los más pequeños y, sobre todo, para despertar en ellos algo todavía más importante: el cariño por la Virgen María.
Los niños de 3 a 6 años tienen una capacidad enorme para querer, confiar y establecer vínculos afectivos. A estas edades, la fe se aprende también —y quizá especialmente— a través de los gestos, las costumbres, las imágenes, las canciones y el ejemplo de las personas que quieren.
Por eso, enseñarles a querer a la Virgen no consiste en darles muchas explicaciones. Consiste, sobre todo, en ayudarles a descubrir que María es alguien cercano, una Madre a la que podemos acudir, contarle nuestras cosas y pedirle que nos lleve siempre hacia Jesús. Y octubre puede ser una ocasión preciosa para empezar.





































